Hasta el día de hoy siempre he preferido usar IPv4 sobre IPv6 para conectarme a mi servidor por SSH, compartir carpetas por SSHFS o direccionar servidores web. Sin embargo hoy me doy cuenta de que usar IPv6 genera ventajas de rendimiento que son claramente visibles sobretodo para entornos interactivos como SSH.
La razón principal es que IPv6 elimina la necesidad de NAT (Network Address Translation). Con IPv4, en la mayoría de los entornos domésticos y corporativos, el tráfico debe atravesar una o varias capas de traducción de direcciones antes de llegar a su destino. Cada salto a través de un dispositivo NAT introduce una pequeña latencia adicional y, en el caso de SSH, donde cada pulsación de tecla genera un paquete independiente, esas fracciones de milisegundo se acumulan y se perciben como una leve pero molesta lentitud en la respuesta del terminal.
Con IPv6, en cambio, el cliente se conecta directamente al servidor mediante una dirección global única, sin intermediarios que reescriban cabeceras ni mantengan tablas de estado. El resultado es una comunicación extremo a extremo más limpia, con menor latencia y sin los problemas de traversal que a veces afectan a protocolos como SSHFS cuando el túnel debe negociar con firewalls con estado o routers que hacen NAT de forma agresiva.
Dicho esto, ahora mismo voy a reconfigurar los dominios de mis sitios web con registros AAAA que utilizan IPv6, eliminando por completo el soporte de IPv4.